En la estación de bomberos de Livermore, cada 18 de junio celebran una fiesta muy especial: el cumpleaños de una bombilla. Y no es que los vecinos de esta localidad de California se hayan vuelto locos, lo cierto es que se trata de una bombilla bastante especial.
Se encendió por primera vez en el año 1901 y desde entonces sigue funcionando sin haberse apagado ni una sola vez. Algo más de 110 años que la han hecho entrar en el Record Guinness como la bombilla más resistente y duradera de la historia.
En 1901, Dennis Bernal, un empresario pionero y su empresa eléctrica, Livermore Power and Light Co., instaló esta bombilla como luz nocturna en un antiguo garaje que servía tanto de comisaría de policía como de estación de bomberos. De su lugar original hasta el que hoy ocupa, han pasado ya 110 años, y la bombilla se ha trasladado varias veces de instalaciones hasta situarse definitivamente en la Estación Uno de bomberos de Livermore.
La célebre bombilla de Livermore se diferencia de una bombilla moderna en que su filamento es aproximadamente ocho veces más grueso que los actuales y además se trata de un semiconductor, probablemente hecho de carbono. Aun así, el hecho de que la bombilla siga funcionando sin problemas después de tantos años es un motivo de sorpresa para muchos, incluido un equipo de físicos de la propia Academia Naval de EE.UU. en Annapolis, Maryland, que está estudiando la bombilla para comprender su funcionamiento y mejorar las actuales.
La bombilla milagrosa tiene su propia página web en la que existe una cámara web fija que vigila que la bombilla esté encendida en todo momento. Ironías de la vida moderna, la cámara tiene una vida útil de unos tres o cuatro años, por lo que esta vieja bombilla verá apagarse varias cámaras mientras ella probablemente siga encendida durante algunos años más.
Esto nos responde a la pregunta ¿Se pueden crear productos que nunca se estropeen? Los avances de mediados del Siglo XX en muchas áreas ya mostraban que diseñadores e ingenieros eran capaces de crear productos que no se rompían nunca. Resistían años y años sin necesidad de mantenimiento, cambios ni reparaciones. El documental "Comprar, tirar, comprar" muestra, por ejemplo, una nevera comprada en 1985 que lleva 25 años funcionando constantemente y jamás ha sufrido un sólo problema. También habla de la aparición de medias que no se rompían y bombillas que duraban años y años encendidas sin llegar a fundirse. Hoy en día, en sus cajas podemos leer claramente, 1.000 horas de luz. Una fecha de caducidad programada.
Existen avances técnicos impresionantes hoy en día, que permiten crear grandes productos, pero esto no interesa a nuestra actual sociedad capitalista y empresarial. Por lo tanto, determinados empresarios se reunieron en su momento con dichos ingenieros y obligaron a establecer una encubierta fecha de caducidad a todos los productos creados. De otra manera y llegado a nuestro avanzado conocimiento técnico, los productos durarían siempre, se reducirían las ventas y nadie compraría de forma regular, eliminando consecuentemente millones de puestos de trabajo y beneficios millonarios.
Actualmente las bombillas LED tienen una duración de 50.000 horas, 50 veces más que las incandescentes tradicionales, por lo que son una gran apuesta para conseguir una reducción de los recursos utilizados y de los residuos, además de consumir entre un 40 y un 90% menos, aportando mayor luminosidad, sin parpadeos y sin emitir calor.
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